TODO «MAL» COMPORTAMIENTO EXPRESA UNA NECESIDAD

En primer lugar, entendemos aquí como «mal» comportamiento, aquel impulso/acción desesperada que hace la persona que lo ejecuta contra si misma, contra las demás o contra el entorno.
Y es que si una persona se comporta «mal» o de forma no armónica consigo misma, con los demás, con el entorno… Solemos ver y juzgar el comportamiento, lo superficial, y nos cuesta traducirlo, profundizar en cuál es la razón por la que esa persona se comporta así y qué está necesitando.
Ejemplo: Vemos que un niño de 7 años está haciendo una torre con piezas de construcción, su hermano de 2 años coge una de las piezas de la base y destruye su torre. El mayor golpea a su menor en la cabeza con una de las piezas de construcción.Veríamos aquí que el pequeño se ha comportado «mal» destruyendo la torre de su hermano, o que el que se ha comportado mal es el mayor golpeando al hermano, que él es mayor y tiene que comportarse «mejor» y que su hermano es pequeño y no sabe lo que hace. Dejando a un lado las edades y centrándonos en las necesidades ¿Qué ocurre con estos niños? ¿Quizás el mayor tenía necesidad de soledad o concentración para lo que está construyendo, o de ser capaz de construir la torre y su hermano pequeño está cogiendo sus piezas porque tiene necesidad de explorar, de juego, de ser visto? ¿Puede que como la necesidad del mayor no estaba siendo satisfecha haya sentido rabia, ira, frustración y la haya descargado contra su hermano? Si se han comportado así tenían una razón válida e importante para ellos.
Son medidas desesperadas para reivindicar sus necesidades. Y que no han podido expresar de otra forma.
Puede, por ejemplo, que un niñ@ necesite ser tenid@ en cuenta, libertad de movimiento, juego o diversión…
Y como no le hemos tenido en cuenta, no se ha movido como necesitaba o no ha jugado, siente malestar, y ese malestar da pie a un comportamiento. Este comportamiento desde el malestar y con efectos dañinos se puede etiquetar de “Malo“, aunque yo prefiero llamarlo, como digo al comienzo, no armónico o desesperado, ya que el término «malo» atribuye una etiqueta de juicio negativo que no favorece el comprender y el empatizar.
Te pregunto algo. ¿De qué te entran ganas a ti cuando tienes necesidades sin cubrir, cuando tienes por ejemplo necesidad de calma, de descanso? ¿Y cuándo te sientes mal porque esas necesidades no están siendo cubiertas, y por ello sientes rabia, ira, frustración? ¿Te apetece en ese momento hablarle amablemente a las personas, de colaborar, de escuchar? ¿O más bien, de gritar, llorar, quejarte, incluso, depende el caso de golpear? Cuando sentimos ese malestar hay necesidades que cubrir, no se han cubierto y nos sentimos mal y si no sabemos gestionar y expresar de forma armónica lo que nos ocurre (como es el caso de l@s niñ@s, sobre todo los que aun no hablan) acabaremos actuando desde el malestar.
Es del mismo modo a la inversa, si alguien se comporta «bien», de forma armónica y en conexión consigo y con las demás, significa que siente bienestar y que sus necesidades en ese momento están satisfechas.
El comportamiento nos habla, nos ayuda a reconocer como se siente ese/a niñ@, si tiene necesidades sin cubrir o necesita ayuda para volver a sentirse bien y expresar lo que necesita.
Volviendo al ejemplo, se me ocurre que podríamos ofrecer al hermano mayor un espacio separado para pode hacer sus construcciones tranquilamente y concentrado. Que estemos ahí para proteger su juego ante cualquier acción del hermano. Que al menor le proporcionemos nuestra presencia y materiales alternativos a las piezas de su hermano para saciar su necesidad de exploración.
Entender y conocer la necesidad, ofrecer recursos y alternativas para satisfacerlas es clave para no tener que reivindicarlas haciéndose o haciendo daño. Sobre todo validarla y nombrarla para que el/la niñ@ sienta que l@ entendemos. «Has golpeado a tu hermano, debes estar muy desesperado para hacer eso, Veo que te sientes mal, porque necesitas hacer tu torre, necesitas concentrarte y para ti es importante estar tranquilo. ¿Es así?»
Pero ¿Y si no tenemos claro cuál es su necesidad? Bueno, pues un así, podemos hacer algo por ese/a niñ@. Podríamos validar que siente malestar sin juzgar el comportamiento y comprender que necesita algo, aunque no sepamos el qué y no podamos ayudar a que lo satisfaga en ese momento. A veces, es suficiente con estar presentes por y para, ofreciendo nuestra empatía, que estamos ahí, que le sentimos y conectamos con su malestar. Esto ya proporciona un alivio que puede hacerles sentir mejor y volver a la calma. «Veo que sientes malestar ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte a estar mejor? ¿Qué necesitas?»
Lo que seguro no aporta nada en beneficio de la situación es juzgar, recriminar, castigar al niñ@. «Pero bueno, ¿Por qué le has pegado a tu hermano? Eso no se hace. Mira como llora.» «¿Pero por qué le tiras a tu hermano la torre, es que no lo puedes dejar? No paras.» Todo esto, por el contrario, le haría sentir peor ¿y cómo nos apetece comportarnos cuando sentimos malestar?
Reconozco que este tema (comportamientos, sentimientos, necesidades) complejo de transmitir y difícil gestionar, y al mismo tiempo, lo considero clave a la hora de criar y acompañar a l@s niñ@s. Y claramente, va a influir la forma en que las personas adultas de referencia gestionamos el malestar y como expresamos lo que necesitamos, ya que somos el modelo. ¿Y qué ocurre cuando las personas adultas han de gestionar una situación con l@s niñ@s y ellas también tienen necesidades sin cubrir? Este es otro tema importante. Hablo desde mi sentir y mi experiencia.
Por eso os invito a reflexionar al respecto, y a decirme si os gustaría que crease más contenido sobre este tema, que da para mucho.
¿Y tú, conocías del origen o la causa de los comportamientos desesperados? ¿Como los gestionas en tu día día?
Te invito a hablar de ello en comentarios.
Un gran abrazo,
Nerea (Neï) 
Post inspirado sobre todo en el mensaje que transmite: Yvonne Laborda y La Comunicación Empática (CNV).